Una oportunidad para sentirse parte
La historia de Gabriela, estudiante migrante y participante de Armadillos Amarillos
Gabriela todavía recuerda los primeros días cuando llegó a Colombia desde Venezuela. Entrar a un nuevo colegio, escuchar voces desconocidas y tratar de encontrar su lugar entre tantos estudiantes le generaba miedo e inseguridad. Aunque tenía sueños y ganas de salir adelante, también sentía la incertidumbre de empezar de nuevo lejos de su país. Sin embargo, poco a poco, encontró algo que transformó su experiencia: personas que la hicieron sentir bienvenida.
Hoy, Gabriela cursa grado 11° en el Colegio La Presentación El Paraíso, en Cali, y habla de su proceso con gratitud y orgullo. Para ella, uno de los momentos más significativos fue haber sido seleccionada en el programa Armadillos Amarillos de Enseña Por Colombia en 2025, un programa de liderazgo estudiantil que busca empoderar a grupos de estudiantes, acompañados por un docente, como agentes de cambio en sus comunidades educativas. En él:
- Se conectan consigo mismos: su potencial, sus pasiones y su visión de futuro.
- Construyen comunidad: Colaboran con otros estudiantes, creando redes de apoyo y una visión compartida de su comunidad y país.
- Resuelven problemas: Aprenden a identificar desafíos en sus entornos educativos y diseñan soluciones innovadoras para abordarlos.
- Lideran proyectos: Implementan iniciativas colectivas, poniendo en práctica sus habilidades de liderazgo.
- Desarrollan habilidades: Para convertirse en agentes de cambio, fortaleciendo habilidades socioemocionales.
“Cuando me eligieron para Armadillos Amarillos sentí que realmente veían algo valioso en mí. Entre tantos estudiantes, sentirme escogida me hizo pensar que sí era importante y que podía lograr muchas cosas”, cuenta Gabriela.
Este programa se convirtió en un espacio donde pudo fortalecer su confianza, expresar sus ideas y sentirse escuchada, que junto con acompañamiento, nuevas amistades y experiencias que le permitieron proyectarse hacia el futuro con mayor seguridad.
“Lo más bonito fue sentirme acogida. Nunca me hicieron sentir diferente por ser venezolana. Al contrario, sentí apoyo, respeto y muchas oportunidades para crecer”, afirma.
El proceso de Gabriela también ha sido significativo para la comunidad educativa. El Colegio de la Presentación El Paraíso está ubicado en el Oriente de la ciudad. Al ser una zona que acoge diversas realidades socioculturales, incluyendo un flujo importante de población migrante, la institución implementó Armadillos Amarillos con el fin de tejer lazos comunitarios más fuertes. El rector del colegio, Andrés Ballesteros, destaca cómo experiencias como la de Gabriela recuerdan el papel transformador del colegio:
“Cuando una estudiante se siente reconocida, escuchada y acompañada, empieza a descubrir todo su potencial. Gabriela representa esa capacidad de resiliencia y de adaptación que tienen muchos estudiantes migrantes.”.
Por su parte, Alex Payán Peña, docente que acompañó de cerca su participación en Armadillos Amarillos, recuerda especialmente su evolución durante el proceso.
“Gabriela llegó siendo una estudiante muy tranquila, incluso reservada en algunos momentos, pero poco a poco empezó a participar más, a confiar en sus capacidades y a relacionarse con mayor seguridad. Lo más valioso fue verla reconocer el valor que tiene su voz y todo lo que puede aportar a otros”.
Sus compañeros también reconocen esa transformación. Ana, una de sus amigas más cercanas, describe a Gabriela como una persona perseverante y cercana.
“Gabi siempre transmite mucha tranquilidad y empatía. A pesar de todo lo que ha vivido, siempre trata de apoyar a los demás. Creo que muchas personas la queremos porque hace sentir bien a quienes están cerca de ella”.
Hoy, Gabriela no solo piensa en graduarse y seguir construyendo el futuro que imagina para sí misma, desarrollando todo su potencial; también sueña con que otros estudiantes migrantes encuentren el acompañamiento, la acogida y el apoyo que les permitan sentirse en casa mientras construyen sus propias trayectorias.
“Me gustaría que otros estudiantes que llegan a un nuevo país sepan que no están solos. A veces una persona que te escucha, te incluye o cree en ti puede cambiar completamente cómo te sientes”.
En el marco del Día Mundial del Refugiado, historias como la de Gabriela recuerdan la importancia de construir aulas donde cada niño, niña y joven pueda sentirse protegido, reconocido y capaz de imaginar un futuro posible, sin importar el lugar de donde venga.








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