Emprender el reto de enseñar por Colombia no es nada fácil. Dejar la casa, los amigos y emprender un viaje a lo desconocido es tarea de valientes. Sin embargo, empezar esta aventura tiene grandes recompensas. Los paisajes, las noches llenas de estrellas, los infinitos verdes y colores mágicos de esa Colombia que muchos no conocen y las sonrisas de miles de niños hacen que todos los miedos se disipen. Un ejemplo de ello son los ecos que llegaron a Chigorodó, Carepa, Necoclí y San Pedro; ellos, a pesar de las dificultades a las que se enfrentan a diario y los retos en manejo de grupo y trato con los papás, ponen su empeño en dar a sus niños una educación de calidad que les permita hacer de sus sueños una realidad.

La ayuda de los ecos de la cohorte 2014 ha sido excepcional. Ellos han asumido el liderazgo y han puesto a disposición de todos sus conocimientos y sus experiencias en la región de Urabá. Ha sido muy importante que los ecos de segundo año le muestren a esta nueva cohorte cómo se han adaptado a su contexto de trabajo y lo más importante, que se han mostrado comprometidos y empoderados  en seguir cambiando y haciendo día a día en sus aulas de clase transformaciones significativas en sus estudiantes. Ni el Chikungunya ha podido diezmar la fuerza de estos valientes.

Por otra parte, a Santa Ana – Isla de Barú emprendieron el viaje Andrea, Gabriela, Gina, Juan Pablo, Laura y Sandra de llegar al Instituto Ecológico Barbacoas; un colegio ubicado a una hora y media de Cartagena. Los recibieron nuevos procesos de reestructuración, la oportunidad de participar el nuevo modelo educativo orientado a etnoeducación (Educación Propia Intercultural) y muchos cambios en la Institución de carácter administrativo que orienta las prácticas pedagógicas. Luego, los recibieron  niños que ya querían regresar al colegio, en aulas al aire libre y sin paredes, los recibieron retos de ser la primer cohorte de Enseña por Colombia en Santa Ana y la oportunidad de apoyarse entre ellos y los Voluntarios de WorldTeach (Un hermano de Enseña por Colombia). Los recibieron la oportunidad de apostarle a la comunidad de Santa Ana y demostrarles que: ¡Sí es Posible!

A Barranquilla llegaron 18 ecos con todas las ganas de dar lo mejor de sí por los niños del Puerto de oro de Colombia. Al llegar se encontraron con una tierra vestida de carnaval, llena de energía y sabor. Con  todas las ganas,  iniciaron  el año escolar  en colegios de la Fundación  Fe y Alegría y  Fundación Pies Descalzos,  colegios en zonas deprimidas de Barranquilla en donde la desigualdad es una realidad que salta a la vista. Para ellos, es evidente que hay mucho que hacer y mucho por qué trabajar. Hoy se reafirma una vez más que abrir puertas en una nueva región cuesta; cuesta tiempo, dedicación y ánimo. Surgen preguntas que difícilmente se pueden responder, porque merecen  tiempo y disciplina para contestar; pero, luchar porque más niños crean que es posible hacer los sueños realidad hace que las dificultades se superen.

Cartagena también recibió con los brazos abiertos a profesores de Enseña por Colombia. Simón y Jeniffer llegaron a trabajar  en Pies Descalzos y  Mónica y Daniela, eco de segundo año, llegaron a la Fundación  AEIOTú (centro integral para la primera infancia). Esta última es una experiencia totalmente nueva para Enseña por Colombia, de la cual esperamos abrir nuestros horizontes y trabajar por la primera infancia en Colombia. Así, la playa y la brisa marina animan a nuestros ecos a trabajar sin descanso por los niños de la Costa Atlántica.

Son distintos y distantes los lugares a los que Camilo, Cristian, Dania, Stephen, Catalina,   Camilo y Joaquín emprendieron camino este año, con la convicción de enseñar y aprender en o del Vichada. De los cinco colegios en los que se encuentran, tres son internados rurales, dos están ubicados en resguardos, dos están en zona urbana, uno en una inspección. Recorrer de uno a otro puede significar largos trayectos, y el gran reto, en este sentido, es construir una red de trabajo colectivo a nivel departamental.  Iniciar la labor docente en esta región los ha llevado a muchos de ellos a enfrentarse a la pregunta de cómo darle sentido a la educación en ese contexto, pues la mayoría de los estudiantes no se lo ven. Y en el camino para responder esta pregunta, ser tan insistentes, desde lo que los motiva y los convence, como lo es creer que sus estudiantes pueden ser agentes de cambio en su territorio, que la escuela puede ser un espacio para generar mayor sentido de pertenencia por su lugar y para fortalecer lo propio.

Llegar a este departamento también ha sido la posibilidad de encontrarse y de a poquitos irse comprometiendo con personas particulares, con lugares donde hay muchas cosas por hacer. Un territorio donde la labor docente excede el aula, donde es imposible pasar desapercibido, donde se convive casi que permanentemente con los estudiantes, donde se es profe todo el tiempo, y donde esta labor presenta la gran posibilidad, reto y compromiso, de abrir ventanas a soñar y crear otras realidades con los estudiantes y la comunidad en general, que los acerquen más a lo propio, a su lugar.

Mientras tanto, Diego, Hernán, Nataly y Pablo, ecos en Bogotá, se preparaban para iniciar el segundo año de clases en los Colegios de la Alianza Educativa. Llegaban de San Pedro de Urabá, Linda y Mónica preparadas para su segundo año, e iniciaban la aventura de lo que significa ser un Eco Andrea, Bryann, Daniel y José Manuel. Como es habitual en las instituciones, todo estuvo enmarcado en procesos de capacitación de Trabajo Cooperativo, formulación de diagnósticos, retos de conseguir dónde vivir con los precios de Bogotá, transporte y muchas sonrisas que esperaban a sus nuevos profes, procesos de planeación, directivas que creen en el potencial de los ecos y colegios que están felices de volver a trabajar  con profesionales como ellos. Ahora aparecen nuevos retos: cómo enganchar a nuestros estudiantes, cómo hacer posible que amen aprender y cómo hacer que sean empáticos. El camino es largo y seguro encontrarán las respuestas con paciencia y perseverancia.

Enseña sigue creciendo. Desde el mar Caribe hasta los llanos orientales, desde los cultivos de plátano en el Urabá hasta Puerto Carreño y el Río Meta, Enseña sigue trabajando porque sí es posible darle a los niños del todo el país una educación de calidad.

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