Por: Diana Isabel Jaramillo, Alexandra Villa Polo y Lindelia Noreña
Alumni, cohorte 2013
Coordinadoras – Proyecto de Sensibilización Becas Fundación Argos

Colombia aprueba en cobertura y se raja en calidad

Revista Portafolio

Colombia entre los peores en educación

Revista Semana

Preocupantes cifras de deserción escolar

Periódico El Espectador

Condenados a la mala educación: En Colombia los hijos de los

pobres difícilmente igualan las capacidades de quienes nacen con privilegios

Revista Semana

2015-09-18 11.08.51

Al observar los titulares de prensa y revistas sobre la calidad de la educación, era recurrente los interrogantes y las posibles respuestas sobre: ¿Cómo podríamos contribuir al cambio?

A inicios de septiembre del 2012 se presenta una gran oportunidad para el mejoramiento de la calidad educativa, donde iban a ser escogidos los mejores profesionales del país para ser agentes transformadores desde el aula de clases. Definitivamente un gran reto que no iba a ser tan fácil superar: completar formatos, responder muchas preguntas y preparar una clase de 5 minutos, fueron tan sólo el inicio. Llega el día de la entrevista y ver una gran cantidad de personas dejaba la sensación de que la competencia iba a ser difícil. Ese mismo día averiguamos toda la información de cuándo estarían llamando a las personas seleccionadas para estar muy pendientes. Pasaron los días y empezamos a aferrarnos más y más a la idea que si nos llamaban daríamos lo mejor de nosotras: le pedíamos a  Dios que por favor nos diera la oportunidad de hacer parte de esa experiencia prometedora.

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Cuando vimos el correo diciendo que habíamos sido seleccionadas para integrar la familia de Enseña por Colombia, nos sentimos muy afortunadas y orgullosas. Fue una gran felicidad, a pesar de que no teníamos ni idea de todo lo que estaba por venir. El 5 de noviembre, desde diferentes lugares, salimos de nuestras casas rumbo a Bogotá. Teníamos muchos miedos pero también grandes expectativas; llegar a un lindo hostal y ver en la puerta de la habitación nuestros nombres y el de mis compañeros fue una gran sorpresa.

De los lugares ni hablar, todo para nosotras era un sueño; estar en una de las mejores universidades de Colombia con unos docentes expertos en cada tema fue una experiencia increíble. Compartimos con personas de Escuela Nueva y también con las hermanas de Casa Pinares; a su vez, un colegio de Suba nos abrió sus puertas para apoyar estudiantes de secundaria que estaban reforzando contenidos académicos. Allí se reafirmó nuestra razón de por qué nos vinculamos a un movimiento social-educativo.

Nuestro corazón palpitaba de emoción con cada uno de los chicos que nos miraban fijamente. Nos habíamos convertido no solo en sus nuevas profesoras, sino también en sus nuevas amigas, psicólogas, madres sustitutas, enfermeras y hasta porristas. Al final del trabajo de campo, y al unísono, un cántico con dulces voces de acompañamiento: “¡Te queremos profe! ¡Te queremos! ”.

A pesar que el cansancio y las jornadas de capacitación nos hicieron una mala jugada, fueron tantos los buenos momentos que no hubo un sólo día en que perdiéramos la motivación. De ahí tomamos la energía suficiente para disponernos a vivir dos años en el Urabá Antioqueño. Éste fue el inicio de un lindo camino donde las batallas contra el temor, la apatía y el conformismo serían parte del día a día. Para esto, contábamos con las mejores armas para salir vencedoras: el amor por lo que hacemos, la creatividad capaz de motivar la curiosidad y la plena confianza en el potencial de cada uno de nuestros estudiantes.

Llegamos a Urabá  con un panorama no  muy alentador dado el estigma social que tiene la región. Sin embargo, estábamos llenas de razones para seguir y compartir con nuestros compañeros, conocer un nuevo lugar y cumplir con la promesa de hacer un excelente trabajo. Aunque al principio tomó tiempo encontrar dónde vivir y definir algunos temas de contratación, todo empezó a tomar su rumbo. En las diferentes instituciones educativas encontramos situaciones contra las que tuvimos que luchar fuertemente, llevando al límite nuestras capacidades de resiliencia. Nos dimos cuenta que no podríamos cambiar muchas cosas pero que marcaríamos un precedente. Los niños fueron pieza fundamental de esta experiencia, pues fueron el motor que nos permitió mantenernos firmes en nuestro reto. Con esta idea nos mantuvimos hasta el final e hicimos visible lo que muchos consideraban “normal”. Buscamos opciones para brindarle a los estudiantes nuevas formas de aprender y de invertir su tiempo libre. Fue una lucha de la cual nos sentimos victoriosas y de la que podemos decir con gran satisfacción que valió la pena.

I.E Tomás Eastman, Santa Bárbara, 22 de septiembre de 2015 (11)

Después de dos años de trabajo arduo en el Urabá y convencidas de que todo gran reto tiene al final su recompensa, culminamos con  la satisfacción de haber  obtenido cambios positivos en los estudiantes. Su cariño, sus sonrisas y sus logros alcanzados marcaron nuestro rumbo profesional. Algunos meses después nos encontramos de nuevo. Esta vez fue para trabajar con la Fundación Argos en un proyecto que llegaría a las Instituciones Educativas de todo el país con el programa de Becas de Educación Superior de la Fundación Argos. Fue gratificante encontrar jóvenes dispuestos a ser excelentes profesionales y ponerse al servicio de su comunidad.

Aquí va esta historia que promete seguir siendo positiva, llena de aprendizajes y grandes retos.

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