Manuel Triana estudió Lenguajes y Estudios Socioculturales en la Universidad de los Andes, es profesor de Inglés en el Colegio La Giralda y en febrero viajó a India a la conferencia InspirED. Aquí comparte con nosotros la emoción de conocer de cerca la realidad educativa de India, el compromiso de los padres y el sentido de posibilidad con el que regresó a tierras colombianas.

Escrito y fotos por: Manuel Andrés Triana

Cuando llegué al aeropuerto el Dorado en Bogotá, sentí una gran ansiedad: qué sería de mí después del check in. Esta era la primera vez que salía del país. No tenía ni idea qué trámites o documentos debía tener a la mano, ni qué tipo de maletas debía llevar, ni qué cosas podía cargar o qué caras podía hacer. Había un montón de formalidades que no lograba comprender y la impaciencia por abordar el avión aumentaba con cada minuto que pasaba.

Todo parecía estar bien. Logramos pasar por emigración, llegamos a la sala de abordaje, ya podía ver el avión que nos llevaría hasta nuestro destino. Nos sentamos a esperar el abordaje y el tiempo pasaba y no llamaban a los pasajeros. No le di mucha importancia que lleváramos varios minutos de retraso y conteniendo mi ansiedad en la sala de espera, no tenía otra opción que esperar. Después de veinte minutos de retraso, la auxiliar de vuelo se dirigió a los pasajeros y con una voz quebrantada y agitada, anunció que el vuelo había quedado aplazado hasta el siguiente día debido a ciertos problemas de salud del piloto.

Mientras salíamos cabizbajos de la sala de abordaje, de emigración y del aeropuerto, comencé a dudar si en verdad lograría algún día salir del país. Toda mi vida había querido salir del país y ahora que estaba a pocos metros del avión: vuelo cancelado. Mi sentido de posibilidad se fue al piso.

Lo bueno de esta situación fue que nos dieron una noche en cuartos de lujo con comida y desayuno en el hotel Tequendama. Carlos (ECO) y Alejandra (coordinadora) estaban contentísimos porque jamás habían tenido esta clase de experiencia. Carlos siempre había querido que una aerolínea le diera un voucher para hotel con todo pago; Alejandra, decía que mi suerte era única, que a nadie le cancelaban el vuelo y le daban un voucher en su primera salida del país y que debía aprovechar la experiencia de hotel y comida gratis. Yo, por otro lado, sólo pensaba en que quería cerrar los ojos y amanecer en India, sin dar más espera.

INDIA: ¡Sentido de posibilidad!

Al día siguiente, tomamos el bus que envió la aerolínea, hicimos nuevamente el tedioso proceso de abordaje y finalmente subimos al avión. No lo podía creer, lo único que me separaba de mi destino final eran 20 horas de vuelo y 6 horas de conexión en Frankfurt. El momento del despegue fue decisivo, y ver por la ventana cómo Bogotá se encogía frente a mis ojos me daba la certeza de que pisaría tierra hindú finalmente.

Desde la ventanilla del avión, 26 horas después, vi cómo las luces de Delhi se acercaban poco a poco. Ahora sí había total certeza de que estaba en tierra hindú. Ya en el aeropuerto, la primera palabra que se me cruzó por la cabeza al llegar a Delhi fue ¡curry! En el aire y en las personas había un leve olor a especias que me recordaba al curry.

Luego me vi enfrentado a la inmensidad de Delhi. La ciudad es tan grande que hasta los taxistas se pierden. Pues bueno, se suponía que al llegar a Dehli unos taxis contratados por Synergies nos llevarían a donde otro participante de Teach for India para vivir con él durante dos días. Mi sentido de posibilidad se vio nuevamente a prueba…. ¿Lograría llegar a  salvo a la casa de mi host a las 3 de la madrugada? Por supuesto que no. Ni yo ni Alejandra llegamos donde los participantes de TFI que nos habían asignado. Los taxistas nunca dieron con la dirección, así que nos llevaron directamente al hotel.

INDIA: ¡Sentido de posibilidad!

Ana, en otro extremo de Delhi, sí logró llegar a la casa de su host, pero  le costó un par de lágrimas. El taxista no lograba encontrar la dirección a donde ella debía llegar y tenía la intención de dejarla botada en la mitad de la nada. El conductor le pidió que firmara un papel y que se bajara de vehículo. Ana se negó a firmar y a bajarse, estaba muy preocupada porque no sabía cómo hacer para llegar a su destino. Al final, no sé qué hizo el conductor pero la logró llevar a la casa del host.

El hotel a donde nos llevaron era un claro ejemplo de los problemas de inequidad que hay en India: era un hotel 5 estrellas, con instalaciones impecables, una organización que yo jamás había visto y unos cuartos llenos de lujos y extravagancias. Alrededor del hotel había potreros desolados, con mendigos y personas de la calle, construcciones a medio terminar y mucha pobreza. El contraste era inevitable y evidenciaba los retos que Teach for India está enfrentando.

Ese mismo día que llegamos a Delhi teníamos en la tarde la inauguración de inspirED, la conferencia por la cual habíamos viajado. Lo que encontré fue una ceremonia en donde los niños eran los protagonistas. Niños de pocos recursos empoderados, en una tarima hablando en un inglés fluido sobre sus experiencias y aprendizajes con sus fellows (Ecos), a los cuales ellos llamaban “bhā’ī” (Hermano mayor) y “Dīdī” (Hermana Menor). Ese momento fue conmovedor, jamás había visto niños tan empoderados en mi contexto, me sentía retado y motivado a llevar a mis niños a ese nivel de empoderamiento.

En el bus camino de regreso al hotel, conocí a 4 jóvenes que habían tenido una fellow (Eco) de Teach for India como profesora en el colegio. Los  cuatro ya estaban en carreras profesionales y tenían un conocimiento muy profundo del contexto de su país, se expresaban fluidamente en inglés y hablaban de temas políticos con un pensamiento crítico profundo. Ahí entendí lo que significaba haber tenido como profesor a alguien transformacional, pues estos jóvenes, que en su niñez habían vivido en los lugares más pobre de India, habían logrado tener acceso a educación superior, y más allá de eso, estaban lo suficientemente empoderados y sabían que lograrían las metas que se propusieran.

Aniif

INDIA: ¡Sentido de posibilidad!

La primera visita a la que nos llevó Teach For India  fue a un colegio de niños sin hogar, el objetivo del viaje era encontrar alguna forma de servir a esa comunidad. Durante el camino al colegio estuve muy preocupado, pues no tenía ni la menor idea de cómo comunicarme con esta comunidad y mucho menos de cómo ayudarla. Al llegar allá conocí a Aniif, un niño de 11 años, habitante de la calle, que todos los días asistía a este colegio con el interés de aprender más sobre ciencias e inglés. La conexión entre nosotros fue inmediata, él era espontáneo y servicial. Nos dedicamos a hablar sobre sus intereses, a conocer el colegio y a jugar fútbol (porque era su deporte favorito). Fueron las 2 horas más significativas que tuve en Delhi. Aniif a pesar de tener todo un contexto en su contra manifestaba una alegría irrefutable a través de su sonrisa. Él no buscaba mi ayuda, él sólo buscaba a alguien para compartir un momento y lo mejor que yo podía hacer era escucharlo y seguirlo. Aniif me enseñó dos cosas: 1) para ser un líder primero hay que escuchar, saber los intereses y las metas de los demás. 2) Como agente transformacional debo tener siempre en mente “la humildad y respeto”; no puedo ser arrogante y creer que voy a cambiar la vida de una persona por el simple hecho de creerme un agente transformacional, primero debo tener en cuenta a ese otro, su contexto y sus intereses. ¡”Enseña” no se trata de mí y de mis logros como profesor, se trata de los niños y de su camino a una vida de calidad!

Al final de las dos horas, Annif me preguntó si volvería al día siguiente, yo tristemente le dije que no… en ese momento me sentí incomodo, culpable, había creado unas expectativas que yo no podía cumplir. Al final del día no logré prestarle un “servicio” como tal, pero sí logramos construir un vínculo y trabajar en equipo con la meta de divertirnos.

Ankit

La segunda experiencia a la que nos llevó Synergies fue a conocer la vida de uno de los padres de familia de un estudiante de alguno de los participantes de Teach for India. Lo que debíamos lograr en esta experiencia era crear algún tipo de conexión con estas familias y entender sus rutinas.

La experiencia fue muy chocante. La familia a la cual visité vivía en un pequeño cuarto de 6mx6m. En ese mismo cuarto  había una cama para 6 personas (mamá, papá y 4 hijos), la cocina estaba dentro del cuarto y el baño era un tubo de agua y un hueco en el pavimento en una de las esquinas. Ambos padres eran serviciales e intentaban ofrecernos lo mejor de su casa para hacernos sentir cómodos. Yo por mi parte no quería comodidad, quería ayudarles con sus labores diarias.

Intenté manifestarles que mi interés era compartir tiempo con ellos, conocerlos y aprender de sus labores, lo cual fue imposible debido a que ninguno de los que estaba en casa hablaba inglés. Hablaban hindi, por lo tanto la comunicación fue a partir de mímica e intervenciones esporádicas de vecinos curiosos que tenían algún tipo de conocimiento del inglés.

En un momento el padre de la familia decidió sacarnos a dar una vuelta por el barrio y en medio de ese recorrido se encontró a uno de sus mejores amigos del barrio, el cual hablaba inglés. Entre ellos dos era visible una diferencia socio-económica muy alta, sin embargo ambos parecían tener una amistad muy cercana y estrecha (situación que no es muy normal en Colombia, donde las clases sociales delimitan muchas veces los círculos sociales). Ambos padres, a pesar de tener diferencias socioeconómicas, tenían claridad de la importancia de la educación en la vida de sus hijos, sabían que a través de la educación sus hijos podrían tener un mejor futuro, por eso los apoyaban y eran orgullosos de los logros académicos de sus hijos.

Este interés por la educación se veía también reflejado en los niños. Ankit, hijo del vecino, a pesar de tener tan sólo 13 años, tenía muy claro lo que quería ser en su adultez y cómo lo iba lograr. Él sabía que su sueño era ser fotógrafo de animales y quería ir a COLOMBIA a fotografiar diferentes especies de pájaros, porque era uno de los países más ricos en aves me dijo. Él me mostro su colección de fotos y me contó de sus planes de ahorros para lograr su sueño.

INDIA: ¡Sentido de posibilidad!

Finalmente, este evento también me mostró la fuerza y el alto impacto que tiene una red internacional de agentes transformacionales. Saber que hay un gran número de personas dando lo mejor de sí en el aula de clases alrededor del mundo y que están compartiendo sus fortalezas y estrategias con miles de participantes de todos los países, me llena de sentido de posibilidad.

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