Diciembre 20 de 2013

Por Mariano Chica

Es un momento de coyuntura para muchos, es fin de año, momento en el que estamos pensando en concluir, en llevar a buen término todas las empresas del año que se va; pero también nos concentramos en lo que viene, en los nuevos retos, los propósitos de año nuevo. Para mí también lo es, pero sobre todo es un momento para dar las gracias. Aprovecho por eso este espacio para expresar el agradecimiento que me deja el haber hecho parte de Enseña por Colombia durante los últimos dos años. Agradecimiento con Enseña, su equipo, los presentes y los ausentes; agradecimiento con las instituciones educativas y sus directivos, rectores, coordinadores, profesores; con los Ecos, los que llegan, los que se quedan, y los que se van; pero sobre todo, agradecimiento con cada uno de los estudiantes que hicieron parte de mi experiencia tanto en Bogotá como en Urabá.

En realidad quisiera solamente expresar mi agradecimiento y asumir que cada quién sabe porque le agradezco, pero sé que si voy a agradecer, al menos debería contar esa historia que me hace estar agradecido.

Son muchos los momentos memorables que recuerdo: las infinitas tazas de café compartidas en el instituto; la campana del cliché, la que por cierto este texto hace sonar; los espacios en los que cada uno de nosotros se convirtió en la razón de otro para mantenerse y seguir adelante; las actividades de liderazgo de los Ecos, en las que quedó claro que Enseña somos todos; las escapadas en las que pudimos seguir construyendo comunidad. Y por supuesto, los momentos en el aula en los que de repente todo cobraba sentido y entendíamos las razones que teníamos para estar ahí. Todos, todos esos momentos, incluso, y casi que principalmente, los errores y las dificultades superadas, se hacen memorables en este momento de dar las gracias.

Sin embargo, hay siempre, entre todos los momentos uno. Hay, en estos dos años, un momento en el que confluyen todos los actores, todas las sensaciones, todas las experiencias; un momento en el que confluyen todos los momentos. El cierre del refuerzo escolar en la IER La Cadena lo tiene todo, está el equipo Enseña, está el colegio, están los Ecos, y los protagonistas: los estudiantes. Y entre todos yo, agradecido observador de todo.

En ese momento en que todo confluyó me sentí privilegiado, pero sobre todo comprendí la gran oportunidad que me había dado la vida de estar ahí. Oportunidad que empezó con la posibilidad de vivir la experiencia Enseña por Colombia en Urabá. Llegar a Urabá en enero de 2013 como Eco de segundo año me abrió la posibilidad de hacer nuevos aprendizajes, de entender de una manera única los logros, los avances, pero también los choques y los desengaños a los que nos enfrentamos en nuestro primer y segundo año. La posibilidad de entender la diferencia entre nuestro primer y segundo año, de entender el proceso, mejor aún, de entender el movimiento.

Pero no era solo eso, la experiencia en Urabá era completa. La posibilidad de aprender de una región tan importante y a la vez tan marginada de nuestro país. La cita con la historia de Colombia que representan el Urabá y el Darién. Los logros de los estudiantes de la IER La Cadena que, con solo un poco de ayuda, generan procesos de construcción de conocimiento tales como congresos de filosofía, encuentros de Poesía, debates donde ponen a prueba sus habilidades argumentativas, mesas de trabajo alrededor de temas como liderazgo y emprendimiento, etc., en lo que para el resto del país no es más que un inmenso cultivo de plátano y un corredor estratégico para el narcotráfico.

Ese era el mundo de nuevas enseñanzas que tenía Urabá para mí. Mundo en el que, sin embargo, había un sin sabor: ¿Cómo materializar la comprensión a la que estaba llegando? ¿Cómo liderar desde lo que se aprende? Y en últimas ¿Cómo compartir ese aprendizaje con Enseña, con mis pares? Sentía que estaba teniendo un año lleno de aprendizajes, pero que no estaba devolviéndole nada a la comunidad Enseña. Ahora, terminando el año, siento que aún no era mi momento para liderar, y que estuvo bien dedicarle el tiempo a aprender. Ya llegaría el momento de compartir los aprendizajes.

Y el momento llegó. Terminando un año de vicisitudes, un año de tiempos difíciles pero de enormes recompensas, tuve la posibilidad de asumir un rol de liderazgo dentro del nuevo grupo de Ecos de la tercera cohorte de Enseña por Colombia. Esa oportunidad que esperaba de compartir los resultados de un 2013 lleno de enseñanzas.

Acompañando un excelente grupo de Ecos de esta nueva cohorte tuve la posibilidad de afianzar logros alcanzados a lo largo de estos dos años, la oportunidad de compartir mis aprendizajes del primer y segundo año. Pero, lo más importante, tuve la posibilidad de afianzar mi confianza en Enseña, de estar seguro de que es posible una educación de calidad para todos en Colombia. Los Ecos de esta nueva cohorte son la muestra de que excelentes profesores pueden transformar la educación de nuestro país y me llenan de esperanza en este momento en que nosotros, los Ecos de la primera cohorte, terminamos nuestros dos años en el aula.

Así pues, acompañando el proceso de formación de nuevos Ecos, y con la fortuna de hacerlo en la IER la Cadena donde llevaba ya un año desempeñándome como profesor, pude ver los progresos de estos nuevos integrantes del movimiento, y de mis antiguos estudiantes, quienes estuvieron felices de tener un colegio de Ecos. Y no era para menos, el colegio era soñado, daba gusto caminar por los pasillos y escuchar lo que estaba pasando en los salones. Niños de los barrios La Cadena y El Milagro del municipio de Carepa felices de estar en el aula, de aprender y de compartir con estos nuevos Ecos que habían llegado desde muy lejos para estar con ellos. La espera valió la pena decían.

Y el trabajo dio sus frutos. Los estudiantes organizaron una reunión de cierre y de agradecimiento. Agradecieron por lo aprendido, por lo vivido. Agradecieron a cada uno de los Ecos, a Enseña por Colombia por darles la posibilidad de conocer a quienes desde ya nombraban sus amigos. En una actividad en la que demostraron sus dotes en el campo audiovisual y artístico, y en la que ante todo dejaron claro su liderazgo, demostraron que ellos, niños y jóvenes, estaban en la capacidad de sacar lo mejor de cada uno de nosotros, y nos dieron a todos el mejor regalo: una gran lección de vida.

En ese momento yo era el más feliz, emocionado y agradecido de todos. Estaba entendiendo que todo lo que hacemos en Enseña por Colombia vale la pena; que el trabajo del grupo de Ecos que estuvimos durante un año en la IER La Cadena tenía sentido y daba sus frutos; que un refuerzo de tan solo dos semanas, pero ofrecido por excelentes profesores, puede generar transformaciones en la vida de nuestros estudiantes. Pero también estaba entendiendo que debía sentirme afortunado por estar ahí, y que debía decir gracias.

Ha sido un largo camino. Un inusitado camino en el que las dificultades se han convertido en una razón para hacer amigos, para aprender de los otros, para hacerse más grande. Ese camino, que es la comunidad Enseña, es la principal razón para dar las gracias.

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