Por: Daniel Agudelo

Un administrador Uniandino busca encaminar todos sus esfuerzos para generar espacios de reflexión y empoderar a sus estudiantes con herramientas intelectuales que se conviertan en armas de transformación social en un futuro no muy lejano.

Cuando decido entrar a un salón de clase como profesor, asumo el reto personal de cambiar los métodos que por años como estudiante, critiqué fuertemente.

El objetivo se convierte en ser congruente en la forma de actuar y de pensar para poner realmente a prueba los ideales educativos que se tienen. Sin embargo, como una ciudad forma parte de un país, un salón de clase hace parte de un colegio, esto obliga a repensar un colegio como un país. En últimas un colegio es el reflejo de su sociedad y como profesor se tiene la responsabilidad de convertirlo en el país que merecemos.

El reto va más a allá de lo pedagógico y académico, es político y administrativo, se tiene una posición de poder que obliga a tomar decisiones en manejo de recursos, justicia y efectividad. En términos de la analogía colegio-país, de entrada se asume la alcaldía de una pequeña ciudad al ser director de un curso y se escoge el ministerio desde el cual se va a fortalecer la comunidad, al asumir la gestión de un proyecto educativo.

En mi caso personal, asumí la alcaldía del grado 9° y el ministerio de salud, cultura y deporte. Por un lado, estoy a cargo de un grupo de personas que en pleno ejercicio de su pubertad buscan formas de expresar su inconformismo con la sociedad en la cual conviven y por el otro decidí subirme al que considero, el mejor medio de transformación personal y colectiva.

En la etapa personal en que me encuentro, las discusiones que enfrentan los estudiantes en su adolescencia no son para mí, simple rebeldía sin causa y los dilemas que plantean no son ajenos a los míos, pues en la juventud están frescos los recuerdos de la adolescencia  vivida. Prefiero ser un mandatario en defensa de su pueblo y no de sus colegas, unirme a las causas de mis estudiantes cuando tienen fondo y guiarlos cuando tengan un sentido erróneo. Busco encaminar todos mis esfuerzos para generar espacios de reflexión frente al conocimiento adquirido y por su papel como ciudadanos, para empoderar a mis estudiantes con herramientas intelectuales que se conviertan en armas de transformación social en un futuro no muy lejano.

La salud es el punto clave donde el sobrevivir como individuos se une con la necesidad de vivir en comunidad, pues lleva a entender a alguien que su supervivencia depende de otros. La cultura permite expresar libremente formas de pensar por medio de habilidades personales que generan sentido crítico. El deporte fomenta valores sociales y de trabajo en equipo fundamentales para la construcción de identidad de una sociedad. Juntos, forman los ejes de transformación personal y colectiva que se requieren en un país que hereda la violencia e injusticia de sus antepasados y que no debe estar dispuesta a reproducirlos.

En síntesis, la lucha debe darse por un colegio cuyos estudiantes estén armados de crítica y reflexión para en un futuro convertirse en ciudadanos que no estén dispuesto a repetir los errores del pasado y el presente, y cuyos profesores sean gestores de transformación en un pequeño país que promueva los espacios de expresión, el valor de comunidad y la calidad de vida de sus habitantes.

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