“Soy orgullosamente chocoano” dice John Eduard. Su madre es profesora, tiene tres hermanos y cuando niño estudió en una pequeña escuela rural de Playa de Oro, un corregimiento afrocolombiano del Chocó. Cuando finaliza primaria, John Eduard junto a su madre y hermanos, se fueron a Quibdó, la capital del Chocó a buscar nuevas oportunidades.

En su nuevo colegio, al ver que sus compañeros de clase alzaban las manos a las preguntas que John Eduard consideraba imposible de contestar, sintió que estaba en desventaja. Estudiar primero en un colegio rural, luego en un colegio urbano y entender las inequidades a las que estaban enfrentados él y sus compañeros en Playa de Oro, fue su motivación para ser el mejor de su salón, porque él estaba decidido de ir a la universidad y para eso necesitaba destacarse.

Sus calificaciones permitieron que entrara a la Universidad del Chocó a estudiar Biología, a pesar de que quería estudiar Odontología pero “yo era uno de cuatro hermanos y era imposible de costear” dice. La sorpresa más grande de John Eduard y su familia, fue cuando en primer semestre de Biología, el niño de Playa de Oro fue el estudiante con mejores notas del semestre.

Entonces John Eduard se graduó de la universidad, con notas excelentes y empezó a trabajar de la mano con campesinos del Chocó que sembraban coca, capacitándolos en cultivos alternativos de siembra como hortalizas, papa, plátano. Luego lo llamaron para ser profesor de ciencias naturales y cubrir una licencia de maternidad: “yo nunca había pensado en ser profesor, era solo por tres meses y sonó como una idea que podía explorar, pero lo que yo no sabía era que en esos tres meses se encendería una chispita”. Por el alto índice de desempleo en el Chocó, se fue al Urabá a buscar nuevas oportunidades y en su primer día de clases como profesor, conoció a un politólogo, a una economista y a un ingeniero de un programa que se llamaba Enseña por Colombia. “¿Por qué personas tan capacitadas, de las mejores universidades, con unas carreras de empresarios e investigadores se fueron de profesor a una región tan olvidado como el Urabá?” se preguntaba. Empezó a investigar y se dio cuenta que la idea de construir una red de líderes que cree en la transformación en el salón de clase y en la necesidad del cambio sistémico a largo plazo se alineaba con lo que él quería para sus compañeros urabaenses y chocoanos. Una sociedad más justa y equitativa donde todo niño pueda desarrollar su potencial como ser humano, es el sueño de John Eduard y cuando se dio cuenta, Enseña por Colombia podía ser el camino para dar los primeros pasos y emprender ese reto.

“Soy profesor de ciencias naturales y soy muy apasionado por las ciencias naturales. Cuando estuve en la universidad, la práctica y la experimentación fueron clave dentro del proceso de aprendizaje. Y cuando llegué al colegio me di cuenta que no había probeta para medir volumen, ni ningún tipo de material. Entonces empecé a investigar y a experimentar.”

Ahora, John Eduard junto a sus estudiantes ha estado construyendo el laboratorio de ciencias naturales del colegio. Han construido balanzas, dinamómetros, probetas con materiales reciclados. El interés en la clase de ciencias ha aumentado significativamente, los estudiantes le piden a su “proe” que sigan innovando. John recuerda que el primer día de clases los estudiantes no entendieron por qué su proe había estudiado una carrera tan rara que nadie la conocía. Ahora hay varios que quieren estudiar Biología, que entienden para qué sirve y cómo se puede marcar la diferencia a través del estudio de las ciencias naturales. Esto John Eduard lo ve como un reflejo de lo que él es para sus estudiantes, un guía, un modelo a seguir que su sueño es educar para la vida y con el ejemplo.

“Los niños ven la esperanza en uno, nosotros somos su ejemplo a seguir. Mis estudiantes hacen un esfuerzo inimaginable para estar ahí, algunos caminan por horas, tienen que montar a caballo, pasar ríos. Entonces lo mínimo es llegar al salón de clase feliz, motivado y muy preparado.” Por esto investiga, estudia y no deja de pensar cómo puede ser dinámico y un mejor profesor para dar lo mejor de sí en el aula. Todos los días se levanta a las 5 de la mañana, repasa lo que tiene preparado para sus clases, se alista y toma un bus que en 30 minutos lo deja en la entrada de su colegio en Juradó. Intenta aprovechar cada segundo con sus estudiantes, para conocerlos, motivarlos y sus dos reglas principales son “respetarse unos a otros y aprovechar cada segundo en el colegio y fuera del colegio”.

“Enseña parte mi vida en dos porque ahora pienso especializarme en educación y lo que he aprendido quiero replicarlo, multiplicarlo a las personas que más lo necesitan. El Chocó es un lugar estigmatizado, lleno de corrupción, pero allá creemos que es posible. Quiero devolverme a mi región para construir redes de líderes que guíen el camino hacia una sociedad educada.” John Eduard Gomez, Eco 2014

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