Por: Francy Rodríguez

Recuerdo a mis profesores y a mi familia que siempre me enseñaron el valor del estudio, la importancia de tener visión en la vida –de ver más allá- y de luchar siempre, siempre por los sueños. Gracias a ellos inicié mi carrera profesional en la universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá, allí terminé por reafirmar que ser profesora sí marca, sí genera, sí inspira y sí transforma. Y por eso estoy en el Urabá antioqueño enseñando a vivir, a soñar y a ser mejor.

Fotos de niños de Francy

Aunque estudié licenciatura, el trabajo en el aula era nuevo para mí; estos han sido  mis  dos primeros años ejerciendo la labor docente. En mis clases de la universidad los proyectos fueron  focalizados en colegios públicos con problemáticas como el acoso escolar, la drogadicción, embarazos a temprana edad, pedagogía tradicional, entre otras, que de una u otra forma son el común denominador de las aulas capitalinas. Así que al llegar a mi colegio en Urabá, Antioquia: fue un cambio total.

Mi primer año fue una experiencia inolvidable: estuve como maestra en un pequeño colegio en La vereda Chiridó  en Chigorodó, Antioquia. La estructura pedagógica de la sede, se basa en el proyecto de Escuela Nueva, ya que la población que se atiende está entre los 5 y 15 años de edad en todos los grados de primaria. Yo tenía 16 pequeños de preescolar a quinto y era la unica docente en la sede, espacio rodeado de bananeras y fincas ganaderas. ¡Niños de todas las edades, todos los grados de primaria en un mismo salón!

Cuando llegué  a la escuela, que queda a la orilla de la carretera supe que ese era mi lugar,  que podía y que debía estar allí.  Los fui conociendo uno a uno, grado a grado, los aventajados para el arte, las matemáticas o la tecnología, a los que no les gustaba escribir, y a los que no sabían, a aquellos que la lectura era la mejor forma de volar, de imaginar. Fue la sensación de  querer caminar a su lado, aprender de sus costumbres, de comer churimas, peras (pomarrosas), mamoncillos, mangos verdes, bananos, bananos y más bananos. De conocer las diferentes formas de divertirse en descanso; un palo, una cuerda, unas fichas de parqués, las piedras, los tarros de la pintura, los marcadores acabados, las cajas de cartón, la coca con frijoles para el descanso y amar cada uno de esos momentos junto a ellos, de salir a caminar inspirada por grandes árboles que cubrían el camino del sol incesante, pasar por riachuelos, aprendiendo los nombres de los peces, y de las formas de pescarlos. De verlos jugar “Yeimy” durante 3 meses sin cansarse, descanso tras descanso, correr con ellos y sentirlos detrás de mí, cubriéndose del ponchazo.

Fotos de niños de francy3

¡Y claro que hubo clases! ¡muchas! matemáticas, lenguaje, tecnología, inglés, sociales, emprendimiento, educación física, ética y hasta religión, de preescolar a quinto, con todos en el salón, como pulpo de grupo en grupo, enseñando a leer y a escribir al mismo tiempo, a sumar, a ubicarse, que el sur, que el norte, que el mar, que los números primos, que las fracciones… todo, todo junto. Pero cada experiencia, palabra y aprendizaje fue de lado y lado. Mientras ellos aprendían a resolver problemas de la vida cotidiana, yo aprendía cómo ser la maestra que realmente quiero ser. Definitivamente fue la mejor forma de iniciar mi labor como maestra.

Ahora, mi experiencia dio un gran giro,  este año, estoy ubicada en bachillerato en otra sede de la misma institución, llena de retos, de sueños y de grandes problemáticas que abordar. Los intereses de mis estudiantes  entre sexto y  noveno  son diferentes, sus gustos, sus deseos, su forma de ver el mundo. Enseñar español es el mejor pretexto para acercarme y demostrarles la importancia del lenguaje, el poder y el valor de la palabra, las diferentes voces  y la validez de cada una de ellas en cualquier contexto cuando se presentan argumentos y razones. El poder de hablar, de expresar lo que se piensa, de no callar ante el miedo. Espero seguir presenciando el crecimiento de cada uno de mis chicos desde lo que piensa, dice y hace.  Por esto último,  cada día  me siento  con la responsabilidad de mostrarles diferentes mundos posibles, siempre caminando desde sus experiencias,  desde la historia de esta región que los construye pero que no por ello  los debe determinar, desde la edificación de sus sueños, desde sus propias perspectivas y proyecciones en la vida que desean.

Y es por eso, que considero que esta experiencia no solo como docente sino como persona ha sido demasiado significativa, no ha sido fácil, no ha sido siempre de triunfos, pero sí de aprendizaje, de medirme como maestra, como ciudadana que espera devolver algo de lo que me ha dado mi país, de demostrarles a mis estudiantes día a día que no importa si es público o privado el lugar donde estudian, que es de ellos de quienes depende cumplir sus sueños aunque muchas cosas no las vean a su favor, que las oportunidades serán más visibles  si estas son claras y luchan por ellas. Los Sueños son el impulso y la educación las alas que les permitirá volar hacia lo que quieren.

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