Por Jenny Grillo

Después de un año de recorrido por la docencia en Ateneo Juan Eudes, creía que tenía buenas herramientas para el manejo de aula, pero las repensé cuando llegué a 903, las primeras semanas fueron maravillosas porque las pautas y las reglas que apliqué funcionaron, hasta que fueron llegando más estudiantes y finalmente quedaron 43 estudiantes. A pesar de la temática y a pesar de mi esfuerzo para que los estudiantes se centraran y se sintonizaran con la clase,  no lo lograba, ante ellos mostraba tranquilidad, poco estrés, pero al llegar a la sala de profesores respiraba profundo y en un minuto me mortificaba por el desastre de clase, pues el objetivo último no es enseñar, sino hacer que los estudiantes aprendan.

Algunos de mis compañeros de trabajo me tranquilizaban con frases como: tú puedes, no te va a quedar grande pues también tienes cuatro décimos y todos los cursos en la mañana (séptimo, octavo, noveno y décimo) y con una sonrisa me hacían proponerme nuevas estrategias, pues todos los docentes en Ateneo han pasado por lo mismo.

Luego de muchos intentos fallidos y con la ayuda de mi coordinadora de Enseña por Colombia, logré desarrollar varias estrategias que hacen que se logre un aprendizaje de  transcendencia y transferencia.

Primero, hice que los estudiantes crearan una canción Rap que hablara del grupo; de las cualidades, de las oportunidades, de los valores y de las metas a corto, mediano y largo plazo, la cual recitamos en todas las clases.

Para cerciorarme de que todos y cada uno tuviera los apuntes de la clase, escribo la temática y la actividad que se desarrollará en papelitos  de 8×8 cms  que le entrego a cada estudiante, para que lo deje registrado en su cuaderno. Según sea la actividad los ubico, si es  individual o en grupo, por ejemplo: teniendo en cuenta que hay que neutralizarlos, se organiza primero un estudiante hiperactivo y otro apacible, uno disperso y uno concentrado y así se colaboran entre si.

Cuando  el grupo está muy activo a pesar de la sintonía de relajación explico fila por fila la temática y cuando el grupo otorga la tranquilidad les explico a todos; claro está que antes indico cual es el objetivo de la actividad, qué tiene que ver con su meta a corto, mediano y largo plazo, cómo la aplicaría en diferentes contextos y el tipo de operación mental que va a desarrollar.  Y por último les escribo en el papelito frases positivas como: tú puedes, eres el mejor, ¿Cuál es el mejor curso?, etc.

Como siguiente medida escribo un correo a los padres de familia, primero para integrarlos al proceso educativo de los estudiantes, segundo para que sean el verdadero apoyo en mi proceso y tercero para tener una comunicación más directa en cuanto al proceso del área de lenguaje. Ellos deben firmar la actividad que se realice en el aula los tres días de la semana, por lo cual se les da un incentivo adicional a los estudiantes. Evalúo la actividad con un aplauso, una señal de satisfacción o una frase.  Al finalizar el periodo otorgo un diploma a los estudiantes que pasaron en superior, incentivando así a que todos “Le metan la ficha” al proceso con vivencial y académico.

Con 903 aprendí que crear estrategias nuevas, permiten salir de la zona de confort de un docente y aprender, para hacer de cada año el inicio de un nuevo libro.

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